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Cómo protegerse de la COVID-19 con mascarillas FFP2 ó FFP3

Filtración de aerosoles y SARS-CoV-2, protección del portador de la mascarilla

  • Las mascarillas FFP3 son las más seguras contra el coronavirus por su capacidad de filtración obteniendo la consideración de Equipo de Protección Individual (EPI), siendo utilizadas incluso por sanitarios.
  • Tanto las FFP3 como las FFP2 son las más recomendadas para espacios cerrados, especialmente poco ventilados, como clínicas, hospitales, bares, supermercados, etc.

Los mascarillas FFP3 y las mascarillas FFP2 protegen al usuario, la persona que la lleva puesta, ya que están diseñadas específicamente para filtrar las partículas, aerosoles, gotículas y patógenos presentes en el medio ambiente. De este modo, la mascarilla filtrante FFP3 o FFP2 impide que el portador inhale virus como el nuevo coronavirus SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19.

Del mismo modo, las mascarillas FFP3 o FFP2 también evitan que el usuario contagie a terceros, porque el filtro, además de funcionar de fuera hacia adentro, lo hace de dentro hacia afuera. Es decir, evita que las partículas, aerosoles, gotículas y patógenos salgan y lleguen a la persona de al lado.

Por tanto, las mascarillas del tipo FFP, y en concreto, por su mayor capacidad de filtración, las mascarillas FFP3 son las más seguras para protegerse de la COVID-19, tanto a nivel individual como colectivo, evitando la propagación de la enfermedad y agravamiento de la pandemia.

Qué son las las mascarillas FFP3

Hay que destacar que las mascarillas con filtro FFP (Filtering Face Pieces, por sus siglas en inglés), son consideradas como las que brindan una mayor protección frente al contagio por Coronavirus. El material filtrante del que están dotadas está constituido por un entramado de fibras plásticas que retiene al contaminante. Además, la forma de este tipo de mascarillas también es un aspecto relevante a destacar, pues tienen un diseño adecuado para lograr la mayor eficacia de filtración.

Según la norma de la Unión Europea EN 149 las mascarillas FFP se clasifican en tres clases: 1, 2 o 3, en función de su eficacia filtrante: FFP1 (eficacia de filtración 78%, concentraciones ambientales hasta 4 VLA Valor Límite Ambiental Baja eficacia); FFP2 (eficacia de filtración 92%, concentraciones ambientales hasta 12 VLA-Media eficacia); FFP3 (eficacia de filtración 98%, concentraciones ambientales hasta 50 VLA- Alta eficacia).

Por todo lo explicado, tanto las FFP3 como las FFP2 son las más recomendadas para espacios cerrados, especialmente poco ventilados. Por eso algunos países y regiones ya exigieron a su población el uso de mascarillas FFP2 en situaciones concretas. Por ejemplo, en Austria la obligatoriedad se extendió a tiendas, supermercados y transporte público.

Mascarillas higiénicas, quírúrgicas y FFP3

Que las mascarillas FFP3 sean las más seguras y/o eficaces, no quiere decir que las mascarillas quirúrgicas o higiénicas no sean útiles tanto como medio de protección de barrera como de contención de la pandemia, pues resultan suficientes en determinadas situaciones y/o pueden resultar cómodas de portar reduciendo el contagio entre personas (fundamentalmente evitando la propagación de los contaminantes que el usuario libera por la boca y nariz). "Cualquier protección de la boca y la nariz es buena, pero la mascarilla FFP2 es tremendamente superior", explicó el ministro de Salud de Austria, R. Anschober. Y es que las mascarillas quirúrgica o higiénicas no son productos diseñados específicamente para filtrar partículas ni para proteger al portante del contagio.

Las mascarillas higiénicas y mascarillas quirúrgicas están ensayadas por su Eficiencia de Filtración Bacteriana (EFB), normalmente con la bacteria anaerobia staphylococcus aureus. Parece oportuno comentar que las bacterias tienen un diámetro de entre 0,6 y 1 micrómetro (µm), de manera que pueden verse con un microscopio óptico. Los virus son de un tamaño mucho menor y, de hecho, sólo pueden detectarse por microscopia electrónica. Por ejemplo, en el caso del nuevo coronavirus SARS-CoV-2. Los investigadores han determinado el diámetro de este virus para colocar entre 60 nanómetros (nm) a un diámetro máximo de 140 nanómetros (nm). El tamaño de las bacterias es hasta 200 mayor al que presenta el virus típico.

La Eficiencia de Filtración de Partículas (EFP), ofrecida por las mascarillas autofiltrantes EPI (FFP1, FFP2 y FFP3), evalúa la eficiencia de retención de partículas submicrómicas. Por eso para medir tal eficacia se emplean partículas de 0,1 micras de diámetro como mínimo. Aunque la Eficiencia de Filtración Bacteriana (EFB) que las mascarilla higiénicas y quirúrgicas ofrecen es superior al 90%, nunca protegerán de virus y aerosoles como una mascarilla del tipo EPI. La Eficiencia de Filtración Bacteriana (EFB), ofrecida por mascarillas higiénicas y/o mascarillas quirúrgicas, mide la capacidad de la mascarilla para evitar la propagación de bacterias de tamaño de partícula clasificado como medio (MPS), es decir, de unas 3,0 micras de diámetro, expulsadas por el portador de la misma. Las mascarillas FFP2 y FFP3 cumplen la normativa UNE EN 149, por lo que deben superar ensayos de filtración con aerosoles con cloruro sódico o microgotas de parafina.

Por todo lo que se ha comentado, si hay posibilidad de acceso a las mascarillas FFP3 o mascarillas FFP2, así como suficientes disponibilidad para uso prioritario para sanitarios y otro personal crítico, por su propio diseño, sus estándares de calidad y filtración, etc. son las idóneas para protegerse de la COVID-19 y evitar su propagación. Si además se tiene en cuenta las evidencias sobre la transmisión del SARS-CoV-2 por el aire (lo que denominan comúnmente transmisión por aerosoles) y la multiplicación de nuevas variantes o cepas, cada vez más contagiosas se hace más recomendable, si cabe, usar el tipo de mascarillas FFP3 o FFP2, al menos en espacios cerrados y poco ventilados. Por lo que no resulta descabellado llevar dos mascarillas, una para pasear por la calle y otra al entrar al supermercado o el centro médico, por ejemplo.

En una situación tan dramática como la pandemia de COVID-19, enfermedad de tipo respiratorio muy contagiosa, es esencial optar por protegerse de manera consciente. Así que más allá de las legislaciones y medidas concretas que haya que respetar, cuanta más más información se tenga a disposición del ciudadano al respecto, mejores decisiones individuales y colectivas se tomarán.

Características de las mascarillas contra la COVID-19

Mascarillas higiénicas o de barrera

  • No son un Producto Sanitario (PS) ni un Equipo de Protección Individual (EPI).
  • Su principal cometido es filtrar el aire espirado, es decir, de dentro hacia afuera, por lo que proporcionan una eficacia limitada contra aerosoles.
  • La Eficacia de Filtración Bacteriana (EFB) que ofrece una mascarilla higiénica se sitúa en un 90% o superior.
  • Las hay desechables y las reutilizables.

Mascarillas quirúrgicas

  • Son consideradas un Producto Sanitario (PS) pero no un Equipo de Protección Individual (EPI).
  • Están diseñadas como barrera evitando la propagación de gotas cuando la persona que la lleva estornuda o tose, siendo la filtración del aire espirado limitada frente a aerosoles.
  • Según la Eficacia de Filtración Bacteriana (EFB), hay tres tipos: tipo I proporcionan una EFB igual o superior al 95%, tipo II proporcionan una EFB igual o superior al 98%. Las tipo (IIR) son aquellas del tipo II que, además, son resistentes frente a salpicaduras de fluidos como sangre.

Mascarillas respiratorias autofiltrantes FFP

  • Son Equipos de Protección Individual (EPIs), y, por lo tanto, deben garantizar su cumplimento con el Reglamento de la Unión Europea 2016/425.
  • Están dotadas de filtro de micropartículas, gracias al cual el portador está altamente protegido contra la inhalación de aerosoles y partículas patógenas, entre ellas, portadoras de virus (como el coronavirus).
  • Ofrecen una filtración del aire inspirado y espirado, protegiendo al entorno de quien las porta. Esta protección en ambos sentidos es lo que las convierte en Equipos de Protección Individual (EPIs), a diferencia de una mascarilla higiénica o quirúrgica, como veníamos comentando.
  • En base a su capacidad de filtración de partículas, las mascarillas autofiltrantes se clasifican en tres grupos diferentes:

    • FFP1: Proporcionan una eficacia mínima de filtración del 78% y una fuga hacia el interior de la mascarilla total máxima del 22%.
    • FFP2: Como mínimo proporcionan una eficacia de filtración que se sitúa en un 92% y una fuga hacia el interior de la mascarilla total máxima del 8%. Su uso está recomendado para evitar la inhalación de aerosoles.
    • FFP3 Disponen de un filtro de partículas del tipo P3, proporcionando, como mínimo, una eficacia de filtración que se sitúa en un 98% y una fuga hacia el interior de la mascarilla total máxima del 2%. Se trata de las más avanzadas, por lo que las mascarillas FFP3 se recomiendan para prevenir la inhalación de aerosoles clasificados como altamente tóxicos.

¿Cómo funcionan las mascarillas FFP3 contra los virus?

Hay cuatro distintos de mecanismos de captura de partículas: intercepción, inercia, difusión y carga electrostática. Las mascarillas de máxima protección FFP están dotadas de distintas capas compuestas por fibras entrelazadas entre sí. De este modo, cuando la capa es atravesada por un flujo de aire, los pequeños huecos que las fibras dejan entre sí, consiguen separarlo en distintas líneas de flujo de aire. El mecanismo de intercepción se da cuando el radio de una determinada partícula que está siendo arrastrada por una línea de flujo de aire es mayor al radio de la separación existente entre las fibras. La partículas de mayor tamaño tienden a tener más inercia y continuarán con una trayectoria en línea recta y colisionan con las fibras (captura por inercia). Las partículas de menor tamaño, debido a su poco peso y los persistentes impactos con las moléculas del aire, su movimiento es browniano, siguiendo trayectorias desordenadas e imprevisibles, siendo capturadas por difusión, cuando chocan y se adhieren a una fibra. Por último, las fibras que componen las capas de filtración están constantemente polarizadas, creando un campo eléctrico que desencadenará en que las partículas sean atraídas a la fuente de dicho campo eléctrico.

¿Por qué la mascarilla FFP3 es la más segura y eficaz?

Las mascarillas autofiltrantes (FFP1, FFP2, FFP3), a diferencia de las quirúrgicas o higiénicas, son Equipos de Protección Individual (EPIs), cuya eficiencia de filtrado de partículas es evaluada mediante el empleo de partículas de 0,1 micras de diámetro como mínimo y cuyo diseño está pensando para crear un sello protector entre la cara del usuario y el entorno. Por otro lado, es preciso explicar que una mascarilla del tipo EPI se caracteriza por brindar una protección en ambos sentidos, protege a quien la porta de inhalar partículas submicrómicas patógenas del ambiente y expandirlas a su entorno.

Las mascarillas quirúrgicas o higiénicas no sólo no están ni siquiera conceptualizadas para brindar una protección en ambos sentidos sino que su eficiencia de filtración sólo mide la capacidad de la mascarilla de bloquear el paso de bacterias y/o fluidos de dentro hacia fuera. Además, es esencial recalcar que las mascarillas del tipo higiénicas o quirúrgicas no están diseñadas para buscar un sellado en la cara, de manera que siempre quedan huecos de diferentes tamaños entre la mascarilla y la piel; por lo que todo el aire que se escape al exterior o se fugue al interior de la mascarilla por esas zonas, no ha sido filtrado.

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Aunque todas las mascarillas autofiltrantes FFP ofrecen una protección respiratoria efectiva frente al contagio por COVID-19, las FFP3 brindan con diferencia una mayor seguridad. En ASP Asepsia comercializamos las de la marca Galmask, de fabricación española y homologadas en la UE.

La eficacia de filtración de partículas de las mascarillas FFP3 Galmask es superior al 99%, una filtración superior a la brindada por una mascarilla FFP2 (exigible 92%). Así estas mascarillas FFP3 brindan la mayor filtración, y, por tanto, mayor protección frente a contagios de enfermedades de transmisión aérea o por gotículas; como es el caso del Coronavirus SARS-CoV-2 que provoca la enfermedad COVID-19 y otros agentes infecciosos, tanto al usuario que la utiliza como a su entorno.

Cómo hacer más seguros los espacios cerrados con purificadores de aire HEPA y ozonizadores

La Higiene Ambiental es una herramienta útil para prevenir los contagios de enfermedades tanto en el hogar como en los edificios públicos. En la actualidad se pueden llevar a cabo tratamientos de aire interior que mejoran la confortabilidad de los ambientes, eliminan olores y previenen contagios de enfermedades como la COVID-19, provocada por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2.

Las medidas de higiene ambiental, con el uso de purificadores de aire con filtro HEPA y ozonizadores, permiten bajar la carga microbiológica ambiental, la carga viral, filtrar patógenos siendo un complemento perfecto para tener espacios cerrados más saludables y seguros.

Purificadores de aire dotados de filtros HEPA

Los purificadores de aire dotados de filtros HEPA son equipos de alta filtración ambiental cuya eficacia se sitúa en un 99,97%. Tal eficacia explica que HEPA sea acrónimo de High Efficiency Particle Air, es decir, filtro de partículas del aire de alta eficiencia. Son capaces de eliminar del aire interior todo tipo de partículas contaminantes en suspensión: alérgenos (ácaros, polvo, polen), partículas y aerosoles (portadores de gérmenes, bacterias y virus como el coronavirus), humo, contaminantes. Se trata de un equipo esencial para la higiene ambiental que repercute directa y positivamente en la calidad de vida de cualquier persona, siendo especialmente beneficiosa para alérgicos y personas que sufren de enfermedades respiratorias previas. Por todo ello, crean ambientes más confortables, saludables y donde los contagios son mucho más difíciles.

Generadores de ozono

Los generadores de ozono ofrecen tratamiento de desinfección ambiental de interiores y superficies, bajando la carga microbiológica ambiental y eliminando virus y bacterias por oxidación; disminuyendo el riesgo de contagio de enfermedades respiratorias tanto por inhalación como por fómites.



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